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jueves, 18 de junio de 2009

Siglo XIX

Durante la primera mitad del siglo XIX la población sigue descendiendo. Según el primer censo oficial de 1852, la cifra es de 15.213 habitantes. Este descenso se puede atribuir a los efectos de la Guerra de la Independencia así como a la crisis del poder religioso y de las enseñanzas impartidas en la Universidad. Durante la Guerra de la Independencia más de la tercera parte de los tesoros artísticos de Salamanca fueron destruidos. En octubre de 1807 entra en España el ejército de Napoleón; en Noviembre de ese año llega a Salamanca un ejército de 20.000 hombres. En julio de 1812 tiene lugar cerca de Salamanca, en Arapiles, una importante batalla en la que los franceses fueron derrotados por las tropas anglo-españolas al mando del General Wellington. El ejército francés destruye toda la zona suroeste de la ciudad con el fin de realizar obras de fortificación. Calles enteras del barrio de los Milagros, de la ladera del cerro de San Vicente son destruidas, así como la casi totalidad de los colegios, iglesias y mansiones localizadas entre la universidad y el arroyo de los Milagros. En 1837 se aprueba la ley de Desamortización del ministro D. Juan Álvarez Mendizábal. Su influencia en el desarrollo urbano salmantino es fundamental, al ser la iglesia la propietaria de la mayor parte del suelo urbano. La Desamortización tiene un doble efecto sobre la trama urbana; un cierto número de conventos con sus huertos anejos va a convertirse en plazas, contribuyendo al enriquecimiento de la trama urbana. Asi se obtiene la actual plaza de Colón (antigua plaza de la yerba) sobre el solar de un convento de Menores y su huerta; la plaza de los bandos (antigua plaza de Santo Tomé) corresponde en parte al solar ocupado por la parroquia de Santo Tomé, etc. A partir de la segunda mitad del siglo se inicia una fase de fuerte crecimiento demográfico:

Año 1860: 15.906 habitantes.

Año 1877: 18.007 habitantes.

Año 1887: 22.199 habitantes.

Año 1897: 24.156 habitantes.

Este crecimiento de la población se debe al crecimiento económico y a la revolución industrial.

En el último tercio del siglo XIX llega a Salamanca el ferrocarril. En 1864 se realiza la concesión de la línea Medina del Campo - Salamanca. El tramo final hasta Salamanca se termina el 26 de agosto de 1877. El trazado de las vías del ferrocarril va a constituir más tarde una barrera al crecimiento físico. El ferrocarril a Portugal constreñirá el crecimiento por el norte, mientras que el de Plasencia a Salamanca y Zamora impedirá durante largo tiempo la extensión urbana hacia el este, constituyendo en la actualidad un impedimento a la conexión de esa zona con el centro urbano.

El crecimiento de la ciudad obliga al derribo de las murallas, realizándose este entre 1867 y 1868.

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