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miércoles, 14 de noviembre de 2012



El curioso apéndice sanitario del teatro Bretón
Asociado al Hospital General en el siglo XVI, ahora pretende levantarse sobre su solar una residencia para mayores 14/03/2009


El fantasma del derribo definitivo acecha al teatro Bretón, 'cerrado por vacaciones' desde abril de 2003. Un edificio cuyo futuro parece estar perseguido por su más remoto pasado, con un curioso apéndice sanitario que no se desprende desde hace siglos, cuando estaba asociado al Hospital General. Curiosamente, ahora se pretende levantar otro inmueble con un carácter similar, en este caso una residencia de mayores.

Pocos lugares de la capital del Tormes albergan tanta historia como este emblemático paraje y sus alrededores, en una ciudad cada vez más repleta de nobles edificios reducidos a simples fachadas por encontrarse deshabitados. Pocos lugares pueden presumir de haber acogido en persona a figuras históricas como Lope de Vega, Calderón de la Barca o el mismísimo Cervantes, en una ciudad universitaria, joven y entusiasta, donde el teatro siempre caló hondo. Pocos lugares como este teatro han sido protagonistas de multitud de vivencias familiares, tanto en las diversas obras escenificadas como en el tradicional Baile de la Piñata que tenía lugar en Carnaval o las noches de boxeo y lucha libre tras la Guerra Civil.

Poco se parece ahora el Bretón a aquel teatro del Hospital del siglo XVI, un primitivo corral de comedias junto al Hospital General que hoy ocupan las Siervas de San José y del que supuso su sustento económico ante la falta de ayudas dictada por Felipe II para reducir el número de hospitales en España. Por aquel entonces las obras, a cielo abierto, se realizaban a las tres de la tarde para aprovechar la luz del día.

Tras el parón de 1746 por orden del obispo de Salamanca, pues los escenarios pervertían el corazón y las buenas costumbres, recuperó su esplendor con una serie de transformaciones en su infraestructura, acordes con los nuevos tiempos, que le otorgaron la actual estructura de caja italiana.

Pero a finales del siglo XIX surge el nuevo teatro Liceo. El Bretón separa entonces su camino del hospital y adquiere la denominación actual del compositor salmantino, siendo el recinto de las clases más desfavorecidas al atraer el Liceo a las clases pudientes y la nueva burguesía. Además, en la plaza de San Román se construyó la Casa del Pueblo.

La Guerra Civil y el auge del cine obligaron a una nueva remodelación del teatro, un lugar de contrastes a lo largo de toda su historia, entre ricos y pobres, nacionales y republicanos, amantes del teatro y meros aficionados. El pueblo salvó al Bretón de su cierre definitivo en los años cincuenta. ¿Podrá evitar ahora su derribo?

Siento decir que a fecha de hoy, solo queda un solar donde estuviera el edificio que mencionamos.  

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