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domingo, 20 de julio de 2014

LA CASA DE LAS MUERTES.

En el número 6 de la calle de Bordadores se encuentra ubicada la casa de las muertes. Ninguna de las leyendas que se conocen puede atestiguar la veracidad de las historias que se cuentan para justificar las razones que existen para denominarla de esta manera. Tanto se puede deber a que en el siglo XVIII el nombre de la calle en que se sitúa la casa era de las Muertes.
Sea como fuere, se puede decir que como consecuencia del testamento de los descendientes de los Ibarra, la casa paso a ser propiedad de la Iglesia, pasando posteriormente a Alejo Guillen, clérigo y organizador de partidas guerrilleras durante la Guerra de la Independencia. La heredo su ama de llaves, María Lozano, encargada de hacer llegar las instrucciones dictadas por su señor a los grupos guerrilleros, entregándoselas a los campesinos aprovechando el momento en que se desplazaba al mercado. Sin embargo tras su asesinado en 1.851 y debido a que nadie reclamo el inmueble, la casa fue subastada sin encontrar comprador debido a los recelos que originaban cuantas historias corrían sobre ella por la ciudad.
 La casa debió comenzarse a construir a principios del siglo XVI, y fue proyectada por el arquitecto Juan de Álava, cuyo verdadero nombre era Juan de Ibarra, conservando de la época una espléndida fachada e inscribiéndose en el más puro estilo plateresco civil salmantino.
 Todo un alarde de ornamentación que culmina con el balcón y las dos ventanas del piso superior, cuyas cuatro pilares se apoyan en cráneos o calaveras, presidiendo toda la compasión el busto del arzobispo Fonseca, rodeado por cinco angelotes o querubines ,lo que hace pensar que el primitivo dueño fuera el patriarca Fonseca. Este motivo decorativo se repite como elemento de sustentación de la cornisa del tejado. Las dos ventanas contienen en su parte baja senda mensuras sobre las que se encuentran labradas unas calaveras, que cuando la leyenda macabra de esta casa fue más intensa, se transformaron en simples bolas y que en la restauración realizada en el edificio en 1.963 se labraron de nuevo.
          Debió ser la casa de Juan y Pedro de Álava o Ibarra, padre e hijo respectivamente; el hijo adopto el apellido Ibarra, por ser naturales de esta localidad alavesa, arquitectos que por aquel entonces se encontraban trabajando en la ciudad, y quizás desde 1.628, según algunos, en el Colegio de Ibarra, para colegiales vizcaínos de la Universidad.; alguno de ellos, posiblemente el hijo, debió ser el arquitecto que lo diseño.
La familia de los Ibarra fue enterrada en la iglesia de Santa María de los Caballeros. 

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