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lunes, 15 de diciembre de 2014

LA SANADORA CHARCA DE LA MARRANA EN PEÑAPARDA

MITOS Y LEYENDAS DE SALAMANCA
Raúl Martín         14 diciembre 2014
SALAMANCA24HORAS rescata del olvido nuevos relatos sobre los mitos, leyendas e historias prodigiosas de la tradición salmantina. Desde los albores de los tiempos, el ser humano ha tratado de ofrecer una coherente explicación a cada uno de los elementos que interfieren en este planeta llamado Tierra. Sin embargo, no siempre puede encontrar un motivo racional. Es ahí donde entra el folclore, impregnado de misticismo y fantasía, historias transmitidas en el serano, a la luz de la hipnotizadora lumbre.

En el oeste de la provincia de Salamanca, allá donde el tiempo parece haberse quedado anclado para siempre, donde los pueblos envejecen sin remedio, sobreviven al calor de la chimenea invernal y el fresco estival las más increíbles historias transmitidas de generación en generación. En una zona cuya ortografía invita al misticismo, conocida antaño por los lugareños como el mismísimo fin del mundo, la naturaleza es el elemento vertebrador de casi todos sus mitos, sobre todo el agua. Su transcurrir por el Duero, el Tormes o el Águeda, entre otros muchos ríos y afluentes, genera una peculiar silueta de altibajos no aptos para el ser humano de hace siglos. No es de extrañar, por tanto, que estos parajes provocaran el surgimiento de relatos que infundían asombro entre los lugareños.
Cuenta la leyenda que había una vez en Peñaparda, en el suroeste de lo que hoy es la provincia de Salamanca, cerca del límite con Portugal y Cáceres, un lugareño con una importante piara que mantenía a toda su familia. Sin embargo, de la noche a la mañana, los animales fueron enfermando uno tras otro. Sin motivo aparente, iban cayendo. Aunque no morían, quedaban prácticamente inservibles para continuar la especie, debiendo ser rápidamente sacrificados. 
El dueño no acertaba a comprender qué ocurría. Por eso, recurrió al más allá. Imploró a los cielos que su piara sanara, pero nada. Las enfermedades continuabas. Incluso recurrió a la hechicería y todo tipo de ungüentos naturales. Pero tampoco. Desesperado, se propuso dar su último paseo con su cerda favorita, la que más beneficios le había proporcionado, aquejada ahora de lo que parecía un reúma.
Hombre y animal deambularon hasta llegar a una pequeña laguna. La torrencial lluvia caída días antes había propiciado la abundante presencia de agua que, mezclada con la tierra, había convertido al lugar en una especie de lodazal. La cerda se sintió como en casa y se metió de lleno. Después de varios minutos, el animal regresó junto a su dueño. Pero, para sorpresa del hombre, caminaba sin problema alguno. No podía ser. ¿Acaso eran los efectos relajantes del agua? Pero sí, la cerda volvió a ser la misma de siempre. El reuma  se había curado. Era un milagro. ¿O más bien una charca milagrosa? El hombre decidió hacer lo propio con el resto de la piara que aún le quedaba, y uno tras otro los animales fueron sanados. 
Asombrado por lo acontecido, el hombre acudió al pueblo a comunicar a sus vecinos el milagro. Desde entonces, en Peñaparda se conoce a este lugar como el Charco de la Marrana, al que continuamente acuden personas aquejadas de alguna enfermedad, principalmente de reúma, en busca de curación. Así, se rebozan en el fango, como hiciera la cerca que da nombre al paraje. Y cuentan los más viejos del lugar que muchos enfermos jamás volvieron a padecer el mal con el que llegaron.

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