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martes, 19 de mayo de 2009

Julian Sanchez "El Charro". La Leyenda IV
El General Wellington cae rendido ante la arrolladora personalidad de Julián Sánchez y sus hombres. Debido a que la partida guerrillera de El Charro se autofinanciaba a si misma, y no recibía ayuda alguna del ejército, sobreviviendo a través de las ayudas de la población civil salmantina y de sus saqueos a las tropas francesas, Wellington trata de convencer al Consejo de Regencia de que la Brigada de Don Julián se adscriba al cuerpo de ejército que el manda, acarreando los gastos que estos generen a través de la Hacienda Pública británica. Esto ocurre a finales de 1811.
A raíz de esta nueva situación, Julián y sus hombres son obligados a cambiar de uniforme y sustituirlo por uno más marcialmente diseñado, al gusto de los ejércitos de la época, perdiendo el carácter que hasta entonces les confería el vestir a la usanza salmantina. El nuevo uniforme consiste en: Ropaje de color rojo con vivos y alamares dorados, pelliza al tercio (al estilo de los Húsares), casco enfundado de pelo negro y manga encarnada. La caballería dejará el uso de su clásica montura vaquera y comienza a utilizar la montura inglesa.
Para unos este hecho supone el final del mito. Aunque la aureola legendaria de Don Julián y sus garrochistas charros se alarga por mucho tiempo más, dejando las pisadas de sus caballos por buena parte de España. Supone un punto de inflexión, en el que se abre paso una etapa más grandiosa pero menos romántica, eso sí. Con la adscripción de los guerrilleros charros al cuerpo del general Wellington las cosas cambian en cierto modo, aunque la filosofía siga siendo la misma que la de aquellos doce garrochistas que se atrevieron a salir con Julián por primera vez.
Como ahora veremos, después de la Batalla de Arapiles, en la que se midieron españoles, franceses, portugueses e ingleses, y que determinó el curso de la contienda a favor de los aliados, el frente se moverá velozmente hacia el norte de la península. Julián y sus hombres salen de Salamanca para expulsar a los franceses en su huida. El polvo que levanten las herraduras de sus caballos llegará a media España.
Para quien quiera saber mas:
Los sitios de Ciudad-Rodrigo
La batalla de los Arapiles

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