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sábado, 2 de mayo de 2009

Relieve de Don Julián Sánchez "El Charro" en uno de los medallones de la Plaza Mayor de Salamanca capital.

En las tierras altas de la meseta norte, entre las dehesas pobladas de encinas, unos hombres a caballo pasan los días a la intemperie cuidando de una ganadería un tanto singular, la del toro de lidia.

Descendientes de los mejores jinetes de la Hispania pre y romana, los vetones, que ya fueran famosos por su arrojo y gran maestría en el manejo del caballo, y perfeccionando su destreza con los quiebros, acosos y derribos a que son sometidos los toros de lidia, se encuentran los jinetes charros.
Esta caballería dedicada al ganado de lidia era poseedora de la mejor silla de montar de la época, heredera de la silla árabe, y que era muy cómoda para montura y para jinete, la cual le daba un plus de estabilidad, y los arreos que la acompañaban eran también más prácticos que los de uso en las unidades de caballería de los ejércitos de la época.

Acostumbrados a pasar días fuera de casa, viviendo a la intemperie, el jinete charro necesitaba de ropas adecuadas para combatir las bajas temperaturas del Campo Charro, y desde luego las tenía en su traje típico, con el que se guardaban bien de heladas y cencellos.

También combatía el frío con comidas abundantes en grasas, desayunado por ejemplo la famosa geta, jamones, chorizos, longanizas y morcones, y además, en cierto lugar, una localidad denominada Ciudad Rodrigo usaba para combatir el frío un producto chacinero demonizado farinato.

...En este entorno geográfico, entre expertos jinetes bregados en los lances con los toros, llenos de tradiciones nace Don Julián Sánchez "El Charro".

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